Julio Gutiérrez Samanez
 
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Julio Gutiérrez Samanez

Julio Antonio Gutierres Samanez (Cuzqo 1955), conocido por los amigos como Kutiri es Artista plástico, ceramista, escritor, ensayista y comentarista de cultura.
Recibió múltiples distinciones como intelectual, artista y artesano
Ganó un premio nacional por un trabajo literario en 1999.

OFRENDA:
A todo lo que amé,
mientras vivía:
mi humanidad, mi pueblo
mis padres y hermanos;
mi compañera y mis amigos.
Estrecho a todos juntos
en este abrazo
infinito y universal.
He pensado:
¿Entre tantos libros,
para qué serviría uno más
que ha nacido quemado,
como ofrenda sagrada
a los dioses inexistentes
de mi lar nativo?
Lo he quemado conscientemente,
como tributo a la pasión y la agonía
de una humanidad,
que se extingue, irremediablemente,
ante mis ojos,
como una vieja religión
en la que ya nadie cree.

Entre las ruinas del templo universal
y los pedazos rotos de los ídolos caídos
he hecho mi entrega, reverente.
He enterrado, después,
sus cenizas junto con las mías
sobre la cima de la montaña,
dentro de una vasija de barro.

Dame, pues, la inútil inmortalidad
para estamparla en el fondo de mis vasijas,
grabarla en la piedra de mis versos,
con mi nombre;
y cocerla dentro del horno de mis cuitas
para alcanzarte como ofrenda,
como queriendo rasgar la médula
de tus ambiguos sentimientos.



¡BASTA YA!

He visto llorar a mi madre
en el rostro desesperado de mi pueblo.
He visto tanta injusticia y dolor
que me he rebelado.
Una muralla de corazones de madres
se alza contra la miseria
grito de libertad desde las entrañas;
consigna de lucha a muerte:
¡Basta ya!
traficantes del hambre y del dolor.

De barro y vidrios de colores fundidos
en mi fragua de Vulcano indio.
He creado esta esperanza.
Jugando a Dios
salieron de mis manos
poesías modeladas, silencios,
estridencias, texturas y oquedades;
gritos de dolor y de protesta
pasiones desaforadas,
como los Cristos indios atormentados
del maestro Mérida;
Cristos retorcidos en sus leños
del maestro Tupa
o cacharros centenarios de Ruiz Caro.
En fin, esperanzas constructoras.
Confieso:
Me he cansado de esperar,
y he expuesto mis alas níveas a la muerte,
mi pecho a las balas asesinas,
y he desatado las heridas
y abierto todas las venas.
Un océano de sangre
ha arrastrado las vidas de mis hermanos
y entre el olor putrefacto
recojo los huesos amados, llorando,
para reincorporarme.
Por nuestros muertos,
por nuestros pueblos,
por nuestros héroes
voy a vivir y renacer
con una nueva primavera.

MAESTRO DE NIÑOS DISCAPACITADOS

Aquí estoy, pues, en mi purgatorio del alma
humillando mi soberbia superlativa,
Redimiéndome de los pecado cometidos,
blasfemas, herejías, intolerancias
para terminar redimido y limpio.
Este corazón de desgarra
al asomar a tu simpleza
niño discapacitado.
No me oyes, pero
me devuelves la felicidad
con tu sonrisa,
al brindarme tus trabajos realizados.
Sordo mudo, ciego o mutilado:
Déjame brotar en ti la flor
de tu talento escondido
arrancando su lucidez creativa
al humilde barro.
Déjame negar mi propia minusvalía
de ser ciego para no ver tu transparencia
ser sordo por conveniencia
y mudo por no interpretar
el brillo de tu espíritu,
el ademán, el gesto: el hueco
que dejan las palabras sin sonido.
Así he chocado de cara
contra el muro de mis limitaciones
para partirme en pedacitos de porcelana
Pues de vuestras manos habladoras
nacieron, modeladas, poesías de terracota
esperanzas, sueños y fantasías
que coseché como el sembrador
el fruto fresco y maduro;
el pescador sus peces multiplicados
el maestro de escuela,
una nueva generación que fructifica
y engrandece.
Dime tú lector, si lágrimas de emoción
no saltarían de tus ojos.

He cuadrado la superficie del círculo
Y he hallado las proporciones cuánticas
de la materia:
Como el olmo,
a veces damos peras maravillosas.
Para compartir es que se vive.
Soy el discípulo díscolo de maestros admirables.
Maestro iconoclasta de discípulos
que deben superarme con sus obras.